22/04/2010 23:11

Investigalia y bioética.

 

La bioética es la rama de la ética que se dedica a proveer los principios de conducta humana de la vida.

La ética está aplicada a la vida humana y no humana.

La bioética abarca las cuestiones éticas acerca de la vida que surgen en las relaciones entre biología, medicina, filosofía, derecho, antropología, teología, etc.

En un libro electrónico sobre temas de urgencias en medicina, veo un apartado (muy apartado) al que llaman miscelánea. En este capitulo escribe el Dr. Koldo Martínez Urionabarrenetxea, médico intensivista del Servicio Navarro de Salud.

Comienza diciendo "En las primeras páginas de un libro que todos hemos estudiado a fondo durante la carrera (y que seguimos consultando después) aparecen unos artículos que suelen pasar desapercibidos para la mayoría de médicos y estudiantes de Medicina. En uno de ellos, titulado “La medicina en la sociedad moderna” el Dr. Walsh McDermott escribe que “Las responsabilidades de la medicina son tres: generar los conocimientos científicos y enseñarlos a otros; usar los conocimientos para la salud del individuo o de toda la comunidad, y juzgar la propiedad moral y ética de cada acto médico que afecta directamente a otro ser humano” (la negrita es del Dr. Martínez.) El Dr. A. Jonsen, también en ese mismo libro, escribe que la tercera responsabilidad no se suele explicar en los libros de texto y que, sin embargo, nadie debería poder ingresar en la profesión médica sin ser consciente de los principios de la tradición ética. Por cierto, el libro en cuestión se titula “Principios de Medicina Interna” y es ése al que todos hemos bautizado con el nombre de su autor principal, “el Harrison”.

Y es que la Medicina, como todas las demás profesiones sanitarias, está intrínsecamente relacionada con la ética. Porque su móvil es el otro; su razón de ser, el sufrimiento del otro, y su objetivo, la salud del otro.
Y es en esta relación del profesional con ese otro sufriente, doliente, enfermo, donde se hace más humana y más moral nuestra profesión. Porque resulta que ese otro es una persona, un ser humano, dotado de dignidad y necesitado en cuanto enfermo de algo que nosotros, profesionales de la Medicina, le podemos ofrecer.

Desde el inicio de la historia de la Medicina y hasta no hace mucho, los profesionales estábamos capacitados por la sociedad para ordenar los tratamientos correspondientes a quienes estaban enfermos. El rol social de médico así lo exigía. A su vez, el paciente estaba capacitado sólo para pedir ayuda, y una vez hecho esto, su rol de enfermo le forzaba a obedecer al médico que era quien sabía lo que de verdad le convenía en cada caso.

Las cosas han cambiado, afortunadamente. Por un lado la tecnología sanitaria ha sufrido un enorme avance en los últimos 40 años (genoma, trasplantes, diálisis, ventilación mecánica, técnicas de reanimación, nutrición artificial, reproducción asistida, diagnóstico prenatal, etc.) Estos cambios plantean una enorme cantidad de
cuestiones sobre cuándo, cómo, por qué, quién, para qué utilizar dichas técnicas. Por otro lado, se cree que el enfermo ya no es aquel ser in-firmus, falto de firmeza, desvalido física y psíquicamente, incapaz de tomar decisiones prudentes por sí mismo como creían los antiguos sino que a los pacientes en los últimos años se les reconocen derechos, entre ellos el de decidir, idea básica subyacente en la aceptación del derecho al consentimiento informado. Esto provoca un cambio sustancial en la relación médicopaciente que pasa de ser una relación vertical, jerárquica, a otra de corte más democrático, horizontal e igualitario. Quizás este nuevo tipo de relación sea más complicado y constituya una fuente de conflictos, pero es, sin ninguna duda, mucho más
humana y enriquecedora.

El Dr. Potter creó el término “Bioética” en 1970. Se trata de una disciplina que intenta poner a punto métodos de análisis y de procedimientos de resolución de los problemas éticos planteados en la relación clínica. Para ello se utiliza el análisis de los casos concretos mediante la ponderación equilibrada y juiciosa de los cuatro principios
básicos de la Bioética: autonomía, no maleficencia, beneficencia y justicia. La ponderación de estos principios, que de entrada, siempre debemos respetar, requiere cierto conocimiento y cierta experiencia por parte de las personas, además de tiempo.
Porque el tiempo es un factor importante para la toma de decisiones prudente. Y la Bioética, si algo es, es precisamente un instrumento de ayuda a la toma de decisiones prudentes tanto para los profesionales como para los pacientes y sus seres queridos.